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La Vida de los Evuzok

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En el Africa central en la república del Camerun, en el medio de la selva ecuatoriana la vida de un pueblo, los Evuzok gira en torno a un universo vegetal: la economía, la tecnología, el arte, la medicina, todos los sectores de su existencia están relacionados con el mundo vegetal que los rodea.

El antropólogo Lluis Mallart Guimerá, doctor en etnologia y profesor de antropología en la universidad de París-Nanterre, ha estudiado a fondo los Evuzok y como su universo vegetal es un aspecto fundamental para la vida de este grupo camerunés, ya que su supervivencia depende de su entorno.

Las plantas permiten asegurar su subsistencia, pero no únicamente eso, también les permiten pensar el mundo.

Cuando los evuzok declaran que los árboles y las hierbas constituyen un don legado por sus antepasados, no se refieren solamente a la abundante materia prima útil que les ofrece la selva, es el conocimiento del mundo vegetal lo que supone su preciosa herencia, una ciencia no estructurada explícitamente pero con una lógica propia, un saber no sistematizado pero si un saber vivido y transmitido por el gesto y la palabra

Organizar y clasificar las plantas de su entorno es parte de esta ciencia y los evuzok no suelen hacerlo   según los usos de la planta. Las plantas suaves al tacto son buenas para palear  cualquier exceso, una crisis nerviosa, una subida de fiebre.

Las plantas que segregan mucha resina: viscosas y adhesivas, sirven para cicatrizar heridas y para conseguir cohesión social.

Y es que el carácter simbólico de las características del planta: su color, su gusto, juegan un papel muy importante. Así las plantas con espinas sirven para luchar contra los malos espíritus es la lógica de las cualidades sensibles

La calidad de la tierra es otro factor importante. Los evuzok saben lo buena que es para el cultivo la tierra donde crece un Terminalia superba.

Pero no termina aquí su uso, también entierran la placenta tras un parto para así poder concebir de nuevo: símbolo y utilidad parecen ir de la mano.

Como cualquier pueblo de la tierra los evuzok han intentado establecer un orden en el universo vegetal que los rodea, sea cual sea este orden y por mas elemental que nos pueda parecer es mejor que el caos y no lo debemos infravalorar.

Su experiencia esta narrada en su Libro Soy hijo de los Evuzok el cual puedes comprar en Amazon.

Como dice en su reseña:

En 1961 Lluís Mallart marchó al Camerún como misionero. El contacto cotidiano con una realidad cultural distinta, en plena crisis del sistema colonial con la proclamación de las independencias africanas, llevó al autor a reflexionar sobre el sentido de su misión.  Soy hijo de los Evuzok no es un tratado de Antropología. Es una iniciación académica para descubrirla y practicarla, que nos recuerda cuán cerca está de nosotros el continente africano y cuán lejos está aún de los departamentos de Antropología de nuestras universidades. A finales de 2006 Lluís Mallart realizó un corto viaje al Camerún para presentar sus dos hijos a los Evuzok que los reconocieron como sus “nietos”.